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Alexitimia: cuando sentir se vuelve difícil de nombrar

  • Foto del escritor: Psicologia Psicax
    Psicologia Psicax
  • hace 12 minutos
  • 3 Min. de lectura

La alexitimia es una dificultad para identificar, comprender y expresar las propias emociones.El término proviene del griego: a- (sin), lexis (palabra) y thymos (afecto, emoción), literalmente “sin palabras para las emociones”.No implica ausencia de emociones, sino más bien una desconexión entre la experiencia emocional y la capacidad de reconocerla o comunicarla.

Las personas con alexitimia pueden decir cosas como:

“No sé qué siento, solo sé que estoy mal.”“No entiendo por qué lloro.”“Me cuesta hablar de emociones; prefiero centrarme en lo práctico.”

🔹 No es falta de emoción, sino desconexión

A menudo, la alexitimia no es un “déficit” emocional innato, sino una adaptación. En contextos donde sentir fue peligroso, inútil o desbordante, el sistema nervioso aprende a protegerse desconectando. Esa desconexión permitió sobrevivir, pero con el tiempo se vuelve una barrera para la intimidad, la autorregulación y el bienestar.

Desde la mirada del trauma y el apego, la alexitimia suele ser el resultado de un cuerpo que aprendió a no sentir para no sufrir.

🔹 Manifestaciones frecuentes

  • Dificultad para poner nombre a las emociones o diferenciarlas entre sí.

  • Tendencia a interpretar el malestar emocional como síntoma físico (dolor de estómago, presión en el pecho, contracturas…).

  • Comunicación afectiva limitada o centrada en hechos concretos.

  • Pobre vida imaginativa o dificultad para conectar con el mundo interno.

  • Confusión ante las emociones de los demás o respuestas emocionales “planas”.

En muchos casos, las personas con alexitimia no se perciben así: suelen llegar a consulta por ansiedad, somatización, conflictos de pareja o sensación de vacío.

🔹 Raíces posibles

Las causas son diversas y pueden coexistir:

  • Ambientes familiares fríos, punitivos o poco expresivos, donde sentir no era seguro.

  • Traumas tempranos, especialmente de negligencia o abuso emocional.

  • Exigencia y control como forma de evitar la vulnerabilidad.

  • Modelos de apego evitativos, donde la independencia afectiva se confundió con fortaleza.

  • En algunos casos, factores neurobiológicos (por ejemplo, en ciertos perfiles del espectro autista) pueden coexistir y potenciar la dificultad para reconocer estados internos.

🔹 Consecuencias emocionales y relacionales

Vivir con alexitimia puede generar:

  • Aislamiento emocional, dificultad para pedir ayuda o conectar con otros.

  • Relaciones desbalanceadas, donde el otro siente que “no recibe nada”.

  • Somatización, al ser el cuerpo quien lleva la carga de lo que no se puede nombrar.

  • Ansiedad o impulsividad, como resultado de emociones acumuladas sin procesamiento consciente.

Paradójicamente, muchas personas con alexitimia son altamente sensibles, solo que su sistema ha aprendido a encapsular esa sensibilidad bajo una coraza de control.

🔹 Caminos de reconexión

El trabajo terapéutico con la alexitimia requiere tiempo, seguridad y paciencia. No se trata de forzar a sentir, sino de reaprender el lenguaje emocional paso a paso, a través del cuerpo y del vínculo terapéutico. Algunas claves del proceso:

  • Psicoeducación emocional: aprender el vocabulario de las emociones y su función adaptativa.

  • Reconexión corporal: prestar atención a las sensaciones físicas como puerta de entrada a la emoción.

  • Validación relacional: sentir que el otro acoge sin juicio lo que aparece.

  • Terapias basadas en trauma y apego (EMDR, somática, IFS, DBT, etc.) que facilitan la integración cuerpo-mente.

  • Prácticas de presencia y compasión (mindfulness, grounding, autodiálogo amable).

La meta no es convertirse en alguien “emocional” o “expresivo”, sino en alguien capaz de sentir con seguridad y autenticidad.

🔹 Una mirada compasiva

La alexitimia no es frialdad ni indiferencia; es una herida antigua que aprendió a protegerse silenciando la emoción. El proceso de sanación consiste en volver a habitarse, reconectando poco a poco con ese territorio interior donde las emociones dejaron de ser un peligro y pueden volver a ser una brújula.


“No sentir no es no tener emociones, es haber aprendido a esconderlas donde nadie pudiera herirlas.”

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